Cuando un recurso se vuelve más escaso o más deseado, su precio tiende a cambiar. Ese cambio hace dos cosas al mismo tiempo: anima a algunos consumidores a buscar alternativas y vuelve más atractivo producir, importar o innovar.
Los precios no son moralmente perfectos ni describen cuánto «merece» algo. Son un mecanismo de coordinación. Pueden distorsionarse por monopolios, impuestos, subsidios, controles, información imperfecta o barreras de entrada.