El anuncio de elecciones generales para el 29 de noviembre ha devuelto una pregunta habitual: si varias candidaturas próximas compiten por los mismos electores, ¿se «pierden» votos al fragmentarlos? La respuesta útil no es un sí o un no. Depende de la circunscripción, del umbral legal y de dónde caiga el último cociente que obtiene escaño.
Para verlo sin convertirlo en una recomendación de voto, usamos Madrid 2023 como laboratorio. No proyectamos resultados de 2026 ni suponemos que los votantes de un partido sean intercambiables con los de otro. Mantenemos el total de votos constante y cambiamos únicamente cómo se distribuye una parte entre candidaturas.
Primero: el Congreso no se reparte en una única bolsa nacional
Para el Congreso, cada provincia es una circunscripción. Madrid eligió 37 diputados en 2023. Un voto madrileño compite en el reparto madrileño, no en un reparto nacional único de 350 escaños.
Eso importa porque fragmentarse en una circunscripción grande no tiene el mismo coste potencial que hacerlo en una que reparte tres o cuatro diputados. Cuantos menos escaños hay, más alto suele ser el umbral efectivo para conseguir uno.
Antes de D’Hondt hay una puerta: el 3 %
La LOREG excluye del reparto a las candidaturas que no alcancen al menos el 3 % de los votos válidos emitidos en la circunscripción. En Madrid hubo 3.608.673 votos válidos en las generales de 2023. El 3 % eran 108.260,19: en números enteros, hacían falta 108.261 votos para superar esa barrera.
Un voto a una candidatura que queda por debajo no se transfiere a otro partido ideológicamente próximo. Cuenta en el resultado electoral, pero esa candidatura no participa en el reparto de escaños.
Experimento 1: PP, Vox y una tercera candidatura como SALF
En Madrid 2023, PP obtuvo 1.463.183 votos y 16 diputados; Vox, 506.164 votos y 5. Juntos sumaban 21 escaños. Para aislar el efecto de la fragmentación, trasladamos una cantidad de votos proporcionalmente desde PP y Vox a una tercera candidatura y dejamos intactos PSOE, Sumar y el resto.
Con 100.000 votos en la tercera candidatura, esta queda por debajo del 3 %: PP baja a 15 diputados, Vox conserva 5 y la tercera obtiene 0. El conjunto pasa de 21 a 20.
Con 110.000 votos, la tercera candidatura supera el umbral y obtiene un diputado: 15 + 5 + 1. El conjunto vuelve a 21.
Con 130.000 votos, PP pierde otro diputado antes de que la tercera candidatura consiga el segundo: 14 + 5 + 1. El conjunto vuelve a 20.
Con la distribución proporcional utilizada en esta simulación, a partir de aproximadamente 182.655 votos la tercera candidatura alcanza su segundo escaño: 14 + 5 + 2. El conjunto recupera 21.
No hay una línea ascendente simple. Hay zonas en las que la nueva candidatura ya ha debilitado el siguiente cociente de PP o Vox pero todavía no ha generado un cociente propio suficientemente alto para compensarlo.
Experimento 2: PSOE, Sumar y una candidatura separada de Podemos
Repetimos exactamente el mismo ejercicio por el otro lado. En 2023, PSOE consiguió 1.004.599 votos y 10 diputados; Sumar, 557.780 votos y 6. La candidatura de Podemos se utiliza aquí como una lista hipotética separada para medir fragmentación: no estamos reconstruyendo la papeleta real de 2023.
Con 100.000 votos trasladados proporcionalmente desde PSOE y Sumar, Podemos quedaría por debajo del 3 %, pero PSOE y Sumar conservarían conjuntamente sus 16 diputados.
Al alcanzar 108.261 votos, Podemos entra en el reparto y obtiene uno; Sumar baja de 6 a 5. El total sigue siendo 16.
Con la simulación utilizada, alrededor de 178.026 votos Podemos alcanza dos escaños mientras PSOE pasa de 10 a 9. El conjunto continúa en 16.
Entre aproximadamente 274.347 y 281.606 votos aparece una ventana estrecha en la que PSOE, Sumar y Podemos suman 17 diputados. A partir de 281.607, Sumar pierde otro y el total vuelve a 16.
¿Por qué la misma fragmentación produce resultados distintos?
Porque D’Hondt no reparte escaños entre «derecha» e «izquierda». Esos bloques los ponemos nosotros para interpretar el resultado. La ley compara cocientes de candidaturas concretas.
En Madrid 2023, el último escaño estaba muy cerca de cambiar de manos entre PP y PSOE. Al mover votos dentro de uno de los grupos, alteramos qué cociente ocupa el puesto 37. El mismo número de votos trasladados en el otro grupo parte de cocientes distintos y, por tanto, atraviesa fronteras diferentes.
Por eso dos frases que se oyen mucho son demasiado simples: «D’Hondt siempre premia al partido grande» y «dividir el voto no importa». A veces la concentración protege un escaño; otras veces una tercera candidatura convierte sus votos en representación sin reducir el total; y en intervalos concretos la combinación puede producir un escaño adicional.
Entonces, ¿se pierde tu voto?
Si «perder» significa que el voto desaparece, no. Forma parte del resultado, expresa una preferencia y puede afectar a financiación, lectura política y estrategia futura según las reglas aplicables.
Si usamos «perder» en un sentido mucho más estrecho —que ese voto contribuya a elegir un diputado concreto—, sí existen escenarios en los que una candidatura acumula votos pero no obtiene representación. El caso más claro es quedar fuera del umbral legal; pero incluso superarlo no garantiza un escaño si ningún cociente entra entre los ganadores.
La pregunta correcta no es «¿D’Hondt favorece a mi bloque?». Es más aburrida y mucho más precisa: con estos votos, en esta provincia y con este número de escaños, ¿dónde cae el último cociente?